Bucle ruso.
Bucle ruso.
Hace una vez, en un punto
lejano de la historia, existía un hombre en Rusia, era grande y fuerte, en sus
ojos había un resplandor llameante, la gente lo miraba con terror y miedo, pero
era el tipo de maestro que cualquiera desearía.
Había una mujer rusa,
inteligente y veloz, de la cual su cabello ardía con un brillo imponente mente
rojo cada que el sol salía, entrenada para no dudar ante ninguna situación.
Los dos rusos en un mundo
lleno de guerras y tragedia lograron encontrar el amor, destinados a estar
juntos en un mundo donde desgraciadamente nadie quería eso.
La máquina de matar más
grande y la mujer más peligrosa de Rusia anhelaban estar juntos, pero cada vez que lo lograban volvían a ser separados, sus memorias siendo borradas por sus
superiores, obligándolos a desconocer sé nuevamente, hasta que algún día
pudieran sentir ese destello de amor que los seguía uniendo.
Pudieron pasar semanas,
meses, años o inclusive siglos, pero aquellos dos rusos seguirían viviendo
hasta la eternidad sintiendo el vacío de un amor perdido, un amor que
anhelaban, pero que no sabían cómo obtenerlo, un regalo imposible de aceptar,
un bucle sin fin.
“La conozco” decía
el ruso a sus superiores, con un destello en sus ojos que quería saber más, que
necesitaba saber más, algo dentro de él aún podía sentir esa conexión que sus
superiores tanto se esforzaron por erradicar, pero que el jamás lo sabría.
Ninguno lo sabría, hasta
que se volvieran a encontrar, en un mundo lleno de guerras dónde
desgraciadamente fueron obligados a permanecer peleando hasta el último de sus
alientos, pero jamás pudiendo amarse.
Texto Narrativo - María Gomes.
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